“Cuidar la firma”, en la jerga de la administración pública, es evitar que los diferentes políticos que pasan por cargos jerárquicos cuyos secretos muchas veces desconocen guarden las formas, no cometan errores, no se mareen en la maraña burocrática ni pierdan los expedientes. En definitiva, que no metan la pata firmando cualquier cosa cuando al llegar la tarde se enfrentan en su escritorio (o en su computadora, a partir de la digitalización) con un pila de expedientes que necesitan su firma
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